Todo
es tan extraño. Extraño es estar vivo y morir; entonces, para qué estar vivo.
Extraño
es que llueva y al rato salga el sol.
Extraño
es que una comunidad decida por ley su futuro urbanístico y se le castigue de
semejante manera.
Extraño
es que un juez decida semejante indemnización y quién debería cuestionarla
cargue sobre unos representantes democráticamente elegidos que tomaron una
decisión en base a informes, no motu proprio.
Extraño
es que mediáticamente se apoye todo este tinglado de empresarios que, con
nuestro dinero, construirán un hotel.
Extraña
es la actitud de los que ahora gobiernan que, en lugar de intentar enmendar el
supuesto entuerto, cargan sobre quienes supuestamente lo hicieron.
Así
pues, se negocia con unos empresarios que son de una extrema y extraña
inteligencia y sapiencia en cuanto a lo de moverse en los juzgados y palacios
administrativos .
Es
todo tan extraño.
Se
podría asegurar, sin temor a equivocarse, que los menorquines, todos lo
menorquines, seremos propietarios de un hotel y no veremos un euro de los
posibles beneficios.
Qué
extraño.

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