A QUÉ VENIMOS SEÑORAS Y SEÑORES DIPUTADOS, CON LA VENIA SEÑORA PRESIDENTA...
El verbo parlar viene a significar
más o menos lo mismo tanto en el idioma catalán como en el español.
Algunos matices le dan otro
significado en español: el que parla es el que habla con soltura, mucho, con
verborrea. En catalán “parlar” es hablar sin ese matiz. “Xarrar”
o “rallar” son verbos con igual significado.
De parlar viene parlamento.
Parlamento sería la acción de parlar o también el lugar en donde se parla, en
donde se parlamenta, en donde se habla y discute para llegar a conclusiones,
intercambiar puntos de vista y decidir sobre leyes, siempre después de una
exposición que un emisor hace parlando y otro recibe escuchando.
Pero de un tiempo a esta parte,
parece que nuestra sociedad haya ñadido
un nuevo elemento a la trayectoria de la comunicación, un nuevo soporte que
actúa de canal entre emisor-receptor ; pero de canal paradójico, cuando se usa
de manera que no es la “normal”.
No es extraño encontrar grupos de
personas , sentadas en torno a una mesa y aferradas a sus teléfonos,
comunicándose con alguien que está “al otro lado”, cuando lo más sencillo sería
hacerlo con quien compartes el momento y evitando por innecesario el canal
telefónico, usando el aire que respiramos para establecer una sana y necesaria
comunicación; sino, a qué te sientas a una mesa con amigos y te comunicas con
otros amigos, es incongruente y hasta ridículo.
Así ocurre y es habitual verlo.
Pero que esto pase en el
Parlamento, en el lugar donde parlando se hayan de entender los que allí están
y discutir para decidir; que pase eso allí es ya aberrante. Demuestra una falta
de respeto al ciudadano y convierte al que en ese momento parla en un pelele o
muñeca chochona
programada para decir lo que le manden decir cara a un público que no le va a
escuchar.
Acaso sería mejor permitir fumar en
esa sala, los diputados perderían es salud; pero los ciudadanos ganaríamos en
salud democrática.

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