MIS PERROS Y AQUELLOS QUE PERMANECEN ATRINCHERADOS DETRÁS DE SUS PUERTAS POR SI RECIBEN EL ORÍN EN SUS FACHADAS, NUESTRO PUERTO Y UN CONTENEDOR A REBOSAR
Se podía afirmar que la relación primitiva entre el Hombre y el perro es simbiótica.
En el momento en que el Ser Humano deja su vida nómada y pasa a asentarse en un lugar concreto, el perro le acompaña ya.
El Hombre domestica al can y éste le sirve para multitud de tareas o como aviso de intrusos. El perro posee buen olfato y el Hombre lo sabe; a cambio, el perro encuentra en los poblados un sustento que le es más fácil conseguir que cazando; así evoluciona.
Todo esto ocurre en una época a la que se le nombra como Neolítico.
Nada menos que hace unos 10.000 años.
A medida que las sociedades se han trasformado, el perro ha seguido con el Hombre; quizás no para los mismos usos, desarrollando multitud de razas, acompañándolo.
El inconsciente colectivo y cierto instinto primitivo hace que el Hombre necesite al perro a su lado y éste sigue siendo su fiel amigo, el que le avisa o el que le ofrece su compañía.
Con la Revolución Industrial, las ciudades crecieron para acoger ciudadanos que trabajarían para su sustento sin tener tiempo de gozarlo. El Hombre se traslada a grandes núcleos habitados donde y vive en viviendas en las que el perro no tiene el espacio suficiente para desarrollar su forma de vida.
Seguimos necesitando al perro, algo impulsa a que muchas familias adopten uno y les acompañe toda su vida.
Cierto que muchos lo hacen por capricho y otros los maltratan; pero el instinto humano de permanecer junto al perro es innegable.
El problema está cuando ensucian la ciudad, espacio éste que no los ha tenido en cuenta.
Ciertamente, hay dueños de perros que no se acostumbran a recoger sus heces, y no son respetuosos con la calle que es de todos.
Ciertamente, el orín de perro ensucia las fachadas y ofrece una visión sucia de las aceras.
Pero, el que siempre tenga que haber una persona atrincherada detrás de una puerta para recriminar la acción del perro en "su fachada" es patético.
Los humanos nos hemos -dicen- desarrollado como comunidad. Hemos adaptado nuestros hogares para que todo aquello que el cuerpo expulse sea llevado al mar o lo absorba el mismo suelo.
No ha mucho, los detritus de los mahoneses acababan el el puerto, creando con ello un insoportable olor.
Y no solo eso, también se vaciaba ahí todos los desechos de las fábricas de bisutería que tanta prosperidad trajeron a nuestra Maó.
Hoy, la necesidad de dragar los fondos ha creado un polémica a la que no se le ve solución. Esos fondos está repletos de materiales pesados provenientes de aquellas fábricas; se pretende sacarlos de donde están y depositarlos a pocas millas de la isla.
Quitar la mierda para volverla a colocar algo más lejos. Así nos gestionan.
No se entiende en una isla que lleva con orgullo lo de Reserva de la Biosfera; no se entiende después de la oposición ciudadana; no se entiende cuando hay informes de organismos absolutamente fiables que desaconsejan tal acción y instan a que lo que se extraiga del dragado cumpla las normas que para ello hay establecidas.
Los perros han permanecido al costado del hombre desde aquellos tiempos del Neolítico. Excrementan y orinan como siempre lo han hecho.El hombre se ha civilizado y para su aseo se cortan árboles que se convertirán en papel.
El hombre se ha civilizado y bebe agua en botellas de plástico fabricadas con petróleo; botellas que luego cree que recicla; pero que van a parar a países subdesarrollados que son el basurero de los -llamados- desarrollados.
El Hombre acumula basura en enormes extensiones, que tardará siglos en degradarse.
El orín del perro, en cuanto llueve desaparece.
El hombre que está detrás de la puerta sin saber que hacer, más que esperar que un perro le mee en su fachada para, de esta manera, tratarte de guarro y creerse él que es el más limpio, saca su basura un día en que no hay recogida.
No la voy a tener en casa -dice- para eso pago.
Así, los contenedores aparecen los domingos repletos de bolsas que "no quieren en su casas"
Pero no veo nunca al hombre atrincherado haciendo guardia para que nadie saque la basura en un día en que por bien de la comunidad no debe hacerlo.
Pero no veo a la gran dama que me amenazó con una denuncia porque mi perra orino en una acera que es tanto mía como suya y que yo limpié de inmediato, meditar sobre quién es más civilizado, mi perro o ella. El Ser Humano o los perros.
Los perros ensucian aceras ¿Alguien se ha parado a pensar la cantidad de basura que generamos, a dónde va, de dónde procede?
¿Alguien se atrevería a llamar la atención a aquel que saca la basura el domingo por la mañana y la lleva a un contenedor para que no huela en su casa?
¿No podría el señor atrincherado cambiar su lucha anti perruna?
Es innegable que la ciudad ha de ofrecer soluciones a estos problemas que trae consigo la adaptación del animal al nuevo medio. Tratar de guarros a los dueños es para echarse a reír, después de visitar Es Milá.
Si los perros desaparecen del costado del Hombre, con ellos desaparecerán muchos sentimientos y milenios de concordia; tan sólo quedarán almas aburridas detrás de una puerta que ya no sabrán que hacer con su mediocre existencia.
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