sábado, 30 de noviembre de 2013

soy un tio raro

SOY UN TÍO RARO, LO CONFIESO
Me gusta la luz, pero no las luces















Me gusta la luz, pero no las luces.

Es bonita la lluvia, aunque parezca cursi decirlo. 
Qué bonita la ciudad cuando llueve despacio, sin querer; cuando llueve y parece que alguien llorara allá arriba.

Y mi paseo se convierte en viaje a otros colores, a luces o sombras que sólo se dan cuando llueve tan despacio. 

Un borracho en la calle vuelve a su sórdida existencia después de intentar  alejarla con algo o mucho de cerveza, una señora con un perro blanco envuelto en uno de esos raros vestidos para perros, unos novios que se abrazan y una adolescente fija en su teléfono, físicamente sola, pero acompañada de letras que rebotan en una pantalla. 
Bares vacíos, camareros impacientes, es sábado y llueve despacio.

Un paraguas vuelto del revés, olvidado en una esquina, en aquella esquina que fue "las dos esquinas del hogar". ¿Dónde está su dueño? ¿Lo dejó ahí para notar en la cara la lluvia que cae despacio? ¿Está ahora cantando bajo la lluvia?

Sábado vacío de gente, pero no de luces.

Me gusta la luz, pero no las luces.

En el suelo de la calle rebota la luz de las farolas y puedo ver una a una las gotas de la lluvia que cae despacio, me gusta mirarlas.






















Luces que se reflejan también en el árbol o la vieja fachada señorial en donde habita ese doctor que siempre está quieto. 

Me gusta la luz, pero no las luces que me llaman a mirar escaparates que también me llaman para que los tenga en cuenta. 
Prefiero la farola de la vieja callejuela y recordar, me conformo.





























No conseguirán, por mucho que lo intenten, imitar la luz de un suelo empedrado en un día en que la lluvia cae despacio. 
Querrán que mire la torre vestida con lentejuelas y no la miraré; me gustan otras luces...





¿Te gustan a ti otras luces?






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