martes, 17 de diciembre de 2013

PEQUEÑA APORTACIÓN EN SOLIDARIDAD CON EL ESCULTOR EUGENIO MERINO
EL FRANCO DE MERINO

Eugeno Merino metió a Franco en una nevera con el logo de una conocida marca de refrescos.
El viejo Caudillo, con las piernas flexionadas, apenas cabe en ese cajón que lo mantiene fresco.
La obra nos envía múltiples mensajes; uno de alerta: Franco desproporcionado, de enorme cabeza y en una nevera que simula la conciencia y el recuerdo de algunos españoles. Otro, la contrapartida, un Franco al freso, un Franco ya viejo, aquel Franco incombustible es ya una imagen patética en un frigorífico. 







Merino fue llevado a los tribunales por la Fundación (Fundación que recibe dinero público) encargada de preservar la memoria del Dictador y no, precisamente, en el interior de una nevera. 
Merino salió indemne del jucio; la liberad de expresión en el Arte, también.



Pero vuelven a la carga; no cejan. Ahora le toca el turno a la escultura "Punching", una cara de Franco colocada sobre un soporte para practicar boxeo.
Para ostiar a Franco. 
Qué más hubiera querido España que Franco fuera menos sádico y tan sólo se hubiera dedicado a darle puñetazos a un "punching" con la cara de un "rojo"; pero no, él habilitaba paredones y cunetas y ahora, sus herederos, se nos enfadan porque alguien envía un mensaje como este.

Por esa razón, en mi humilde condición de panfletero, he compuesto también una obra: "Franco en un espectáculo gay"
Ello resume al personaje; traumatizado por su homosexualidad, la cual intentó asesinar asesinado a hombres. 
Franco fue tan sólo un títere al que hay que tenerle lástima; lástima porque nunca pudo desarrollar su sexualidad de una manera sana y vivió traumatizado por la figura de una madre que llevaba sobre si siglos de represión católica.

De este personaje que tan sólo quería morir en la batalla para matar su enorme tragedia, se aprovecharon estos que ahora honran su memoria. Ellos necesitan un Franco, alguien atormentado para que les haga la tarea: matar todo pensamiento que no se adapte al suyo.
Pobre Franco, odiado y usado, como los pañuelos de papel desechables donde todos depositan el moco y arrojan a la papelera. 

Ellos necesitan a Franco para ser lo que siempre han sido, nosotros no lo queremos por ser el icono que defiende lo que siempre han sido; y él, el Generalísimo, nunca pudo vestirse de corista, acariciar un torso varonil y sentirse realizado.














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