sábado, 11 de enero de 2014

LA DUQUESA DE ALBA ES MÁS FEA QUE PEGAR A UN PADRE
ALGUIEN TENÍA QUE DECIRLO



























¡Que guapa está usted Duquesa! 

Dice una reportera joven, micrófono en mano e intentando que la de Alba le diga con esa 
voz balbucenate: "fafias"

Después, por televisión, un carcamal y un coro de lameculos loan las virtudes de una mujer que por fin nos ha descubierto un enigma que los que fuimos educados en la sacrosanta fe católica nunca alcanzamos a entender: el limbo.
El limbo, ese espacio en que uno no está ni el el Cielo ni en el Infierno; digamos que está pendiente de...un espacio indefinido; así está la Duquesa, nadie sabe si es ella la que camina o su cadáver. 

¡Que guapa está usted Duquesa! 

Una guapa mujer, con unos estudios en los que le han enseñado que debe mostrar la noticia como verdad, con una carrera que la titula como graduada en Periodismo, con un orgullo de ser lo que es, tiene que calzar un micrófono y conseguir alguna palabra de una mujer de la que saldría huyendo el mimísimo Frankestein si se la encontrara en un oscuro callejón.


¡Que guapa está usted Duquesa! 

Esperan esas imágenes un cortejo de bien vestidos cotillas que disfrazan con patética forma de estilo periodístico, un algo que no llega a ser ni cotilleo...
La duquesa sube a un coche o se compra un bikini en Ibiza; la acompaña un madurito que anda por ahí diciendo que la ama. 
En aquellas ferias de circo del XIX se los rifaban, los ponían al nivel de la mujer barbuda o el hombre elefante.

Después, el corro de lameculos mostrará su sapiencia sobre tan noble dama y, como siempre, se dirá aquello de que tiene más títulos que la Reina de Inglaterra.

Unos cuantos millones de espectadores y espectadoras se sorprenderán ante tanta grandeza y creerán realmente ver a una hermosa mujer. 

El poder mediático y zalamero versus la Razón y el sano ejercicio de cuestionar lo que se dice.

Antes del fin de aquel periodo histórico que se ha venido en llamar Reconquista, cierto Rey otorgo a un Caballero cierto título. Con ello, tierras y servidumbre.

Estos caballeros casaban con nobles damas; con ello juntaban cuerpos y herencias; tierras y esclavos.
Año tras año, siglo tras siglo y hasta medio milenio, este primer otorgamiento se ha mantenido y diversificado y  ha traído  otros títulos formando una familia que llegó a poseer tantas tierras que se podía atravesar la península Ibérica sin abandonar sus posesiones.
Esos bienes incluían a sus vasallos; personas que por su pobreza o por la situación social de esta España poco letrada, dependían de estos nobles señores. 

Miguel Delibes dibujó esos paisajes de miseria, humillación y sumisión en su novela "los santos inocentes". 
Nadie cuestiona los porqués y siglo tras siglo prosigue la miserable vida de la mayor parte de las familias dependientes de una casta que son la minoría; que crea sub castas afines,con sotana para mantener la resignación en su punto y con uniformes militares por si esta se desboca.

Hubo un tiempo, un momento en nuestra Historia en que se dijo ¡basta!. 
Se intentó elevar al grado de normalidad lo que es de justicia, tan sólo eso. 
Las castas se negaron a perder sus privilegios; y esa, la adulada familia de la Duquesa, puso su influencia y su dinero para que aquel ansia se detuviera. 
El resultado es de todos conocido, miles de muertos, fusilados, encarcelados, humillados; cuarenta años de Dictadura, represión; la moral católica impuesta a golpes al Pueblo y la más depravada vida social en sus palacios. 


¡Que guapa está usted Duquesa! 


Pues no, alguien tenía que decirlo, no. La Duquesa no animaría la libido ni a un preso al que soltaran después de treinta años de no ver mujer. La Duquesa es fea con dos cojones.

Si la Justicia existiera, la Señora tendría que irse a un geriátrico o vivir en una casa decente, y su actual marido, el hombre con más estómago que ha existido jamás, tendría que rellenar todo el papeleo necesario para acogerse a la Ley de Dependencia, como todo buen cristiano; esa sí sería una demostración de amor como Dios manda.

Pero no, la de Alba es seguida en todos sus pasos.
"Habla claro" titulaba una conocida revista del corazón en un patinazo que provocó la hilaridad de muchos. 

La Duquesa no habla, y mucho menos claro. No habla puesto que no tiene nada interesante que decir; puesto que el que sus hijos tengan o no pareja, se hablen o no con sus cónyuges  o monten a caballo es algo tan irrelevante como que un semáforo se ponga en verde. Que hable claro es una mentira de las gordas; balbucea o emite algún tipo de sonido que sólo entienden los "Albaólogos" de plató.

Mientras una sola familia en España sea desalojada de su hogar y carezca de techo y esta señora y su casta tengan miles de camas donde acostar sus grandezas de España, es que algo no anda bien y no es de Justicia.
Mientras alguien se atreva a cuestionar tales roles sociales y sea tildado de extremista, antisistema, rojo peligroso o con cualquier otro apelativo que lo defina como cáncer social, es que no andamos bien de la cabeza.

¡Señores! La Duquesa de Alba es algo esperpéntico, el circo en torno a ella es vergonzante para la Inteligencia y la salud cultural de este país. 

El día en que la joven periodista, micrófono en mano, con sus años de Teoría de la Comunicación a cuestas, con sus horas de estudio y sus proyectos se decida a decir:
¡Duquesa, es usted lo más feo que ha parido madre! Algo empezará a cambiar, y ese algo será bueno para nuestra sociedad.















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