sábado, 5 de julio de 2014

EL CONTABLE QUE VINO DEL FRÍO

EL ASESINO SIEMPRE ES EL MAYORDOMO
















No me gustan las viejas películas de asesinatos sin resolver al estilo inglés.
Para qué mirarlas: el asesino siempre es el mayordomo.
Al igual, en las de mafiosos americanos de serie B, el culpable acaba siendo el contable.

Recordemos que al famoso gansgster, Al Capone, sólo pudieron condenarlo por delitos fiscales, cuando desayunaba un cadáver a media mañana. Supongo que la figura del mayordomo no cuadraba en el círculo de este mítico personaje. 

En la versión española de este tipo de enredos, el guionista no encontraba culpable para desculpabilizar a otro guionista empeñado en que su "imputada" era la correcta.

¡Por Dios bendito! Una Infanta de España es lo más alejado que hay de un mayordomo y, además, demostró que de contabilidad sabe bien poco. La cosa está clara.

Pero no aparecía culpable por lado alguno y, en nuestro país, desde que El Lute se hizo abogado, ya no existen arquetipos de culpable; ni tan siquiera existen culpables; excluyendo a Barcenas, por supuesto. 

La Infanta tenía todos lo papeles para ser protagonista y aparece a los ojos de los españoles como una especie de bruja mala mordiendo una VISA ORO; tal cual Nadal muerde sus trofeos.
Ausente de la Coronación de su hermano, seguía siendo su hermana y no se pueden borrar los genes ni deshacer lo que la Naturaleza creó. 
Pero el torbellino del guión de Castro podría dar un giro sin precedentes. Los rumores salían calientes de bocas que ya no tienen nada que perder. 
Torres, al que su apellido imprime carácter, introdujo en el guión al aforado express y la cosa se ponía fea; fea como la bruja del cuento preparando una pócima que desintegraría el puto Sistema. 

Así es que aparece un contable, de repente, a voz de pronto, tal que saliera de la Nada.
Alguien debió pasarse la noche buscando respuestas en pelis de mafiosos en blanco y negro y se encendió la bombilla sobre su paternal calva de padre de la Constitución.
Los contables saben de números, de balances, de lo que conviene a la empresa o a uno mismo. 

Se pacta, hay en este cuidado guión, un número de años que sabremos; pero, el Director dejará en impás el número de monedas que ingresará en el apunte de la cuenta "yo me culpo y exculpo".

Jugada magistral, que resta de las cuentas de los españoles el supuesto montante del genial final de la película.

Pagamos (los epañolitos y españolitas amas de casa que se apuntan al "paro" para cobrar un subsidio)  cumpleaños, zapatos, clases de samba, globos para los niños, cuadros para las paredes, auto alquileres, comidas en los mejores restaurantes...y ahora, también, presumiblemente, le pagaremos al contable cuando expíe su culpa y salve al Sistema.
Salve al Rey, al campechano que tuvo tres hijas, las metió en tres botijas y las tapó con un pez 
¿Quieres que te cuente el cuento otra vez?









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