| PASEANDO A MISS FRANCINA |
Poco antes de la llegada de la Molt Honorable Presidenta, tuve la oportunidad de dialogar con una persona a la que pretendía transmitirle la existencia de un problema serio que afecta de manera negativa a nuestra particular Reserva de la Biosfera.
Transmitirle tal problema a modo de denuncia discreta; discreta porque mis disgustos me ha costado enfrentarme al entramado de Poder de nuestra tan amada isla en la que sus habitantes se intercambian fotos de idílicos paisajes por Redes Sociales sin caer en la cuenta de que hay determinadas actitudes que pueden cambiar el color de esas fotos; pero a ellos no les importa, criticar está mal visto.
¡Buenos días Menorca desde Cavallería, un amanecer precioso, sin más!
Esta persona fue amable y cercana, fue ella misma, pero con un cargo que la obligaba a tener que tomarse la vida como si todo fuera a acabarse al minuto siguiente y el minutero de su reloj llevará más velocidad que el bólido de Alonso.
Sentí preocupación por ella y pensé en aquella frase que es atribuida a muchos personajes de la Historia, pero que a mí se me enseño que fue pronunciada Alfonso X El Sabio: “Vísteme despacio que tengo prisa”.
Llegaba Armengol y sus compañeros de partido tenían que lucirla.
Así pues se la paseo por el Centro de la ciudad y entró a visitar a los comerciantes que desde sus escaparates ven pasar el mundo y componen su particular visión del mismo; y si algo no saben, preguntan o se lo inventan.
El orgullo de pasear a la Presidente no se aleja mucho de aquellas visitas reales en las que los reyes tocaban las manos de todo mahonés bien nacido y con ello cumplían con su intención de acercarse a su pueblo, confundiendo ese “acercarse” con la cercanía física, no la solidaria ni aquella en la que se pueden ver las miserias que siempre se esconden.
Cosa que sería lo que debería escuchar nuestra Presidente, cosa que no escuchará en una visita de cortesía, cosa que, en todo caso, escucharía camuflada en la barra de cualquier mahonés bar.
Soy consciente que Dña Francina también se reunió para tratar temas de importancia para la ciudad y sus ciudadanos; aunque eso no quita lo poco rentable que es para estos ciudadanos tal paseo cual rey que se digna a visitar a sus vasallos para convertirlos en dignos de ser visitados; y lo muy importante que es y ha sido siempre dejar constancia fotográfica y videográfica de que eso ocurre.
Mientras Francina paseaba al volante de un coche que maneja Vicenç Tur, una señora con un terrible cólico nefrítico esperaba horas para ser atendida en el Hospital Mateo Orfila; lugar del cual desaparecerán dos médicos porque alguno de los asesores que ha ido nombrando la señora que siempre sonríe le ha enseñado aquello de “las gallinas que entran por las que salen”
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