NO A LA DIMISIÓN DE WERT
No puedo más que negarme a la dimisión del ministro Wert.
Quizás esto, para quien no me conoce, sea motivo de etiquetado; y para quien me conoce de sorpresa.
No, no me parece bien que dimita este ministro.
Tomando como símil una batalla, diré que Wert es un soldado con dos cojones, al descubierto, totalmente convencido de que da la vida por la Patria.
Es fácil reconocerlo, ahí está, es el que más grita.
Los demás están en la trinchera, no lo verás; pero están. En cuanto asomes tu cabeza serás blanco seguro y después tirarán su arma y silbarán como si nada pasara.
Y no es ese el verdadero problema, no.
El problema está en la manera, en la forma y en el fondo de una sociedad absolutamente despistada.
Las causas pueden ser muchas: una especial coyuntura histórica con una guerra nunca ganada por nadie, una especial idiosincrasia poco solidaria u otras características de un Pueblo ya cansado.
En cierto momento de nuestra existencia como país de países, vivíamos en nuestra sumisión al miedo poniendo al mal tiempo buena cara. Poco a poco, España se acercó a Europa; pero no en sus maneras democráticas sino en sus formas de control social.
Se le colocó a cada españolito una nevera, una lavadora como principal forma de ahuyentar la discriminación a la mujer, y un 600 al alcance de todos para que todos lucharan por tener un coche como distinción de clase. A eso le llamaron "el milagro español".
El progreso, así entendemos nosotros el progreso.
Con todos lo fallos y con todas la corrupción que trae consigo el poder, en este país se intentó cambiar eso. Miles fueron los que se apuntaron al carro de la facilidad de pertenecer a un lobby y colocarse; miles fueron los revolucionarios que evolucionaron hacia la ropa de marca y el buen vino imitando las costumbres de aquellos a los que habían batallado. Pero no se puede negar que se abrió un camino a la Educación, a la Sanidad, y la cohesión social.
No se eliminaron viejas formas de caciquismo ni el poder económico y tradicional de una España con uniforme y sotana; ahí se perdió una importante oportunidad. Se apostó por el pragmatismo; pero un enfermo atendido en los años 70 no recibía lo mismo en los 90, ni una pensión ni la atención a los mayores ni el acceso de todas las capas sociales a la Educación.
Y eso no conviene, nunca ha convenido a los oligarcas de esta nación que fusilaban maestros y educaban con curas. Es la manera de mantener dormidas las conciencias, y Wert tiene la valentía de decirlo, no lo esconde tras discursos vomitivos de fingidas formas democráticas que luego compran hospitales que han pagado nuestros abuelos y padres para que nuestros hijos paguen por ser atendidos a un señor amigo o marido de una política educada en universidad católica.
No, el problema no está ahí. El problema está en nosotros; en una sociedad que calla y se refugia en el miedo de que le roben su "milagro".
Protestar es dar a entender que tienes algo que no funciona bien en tu casa, y tú tienes un 600, eres parte del milagro.
Ahora, estos nuevos tiempos han cambiado la lavadora y el frigorífico por el último modelo en telefonía y el televisor de plasma; somos campeones del mundo y Nadal está que se sale. Casi somos de nuevo olímpicos y no hubiera importado un pijo el café con leche de lo más inútil que ha parido madre.
Pronto sólo unos pocos, los de siempre, tendrán acceso al Pensamiento como base para discernir que un rico al pasar por el ojo de una aguja lo hace porque ha comprado a San Pedro y no por otra cosa.
Nuestros hijos lo tendrán difícil en sus enfermedades en su trabajo, en su educación, y nosotros seremos los culpables, no Wert.
Wert es sólo un títere; pero al menos la mayoría silenciosa tiene algo y a alguien en donde darse cuenta de que todo esto no es justo. Con Wert a esta sociedad le hace falta algo más que un teléfono y un plasma. El ministro ha conseguido despertar conciencias y con ello hace un estupendo trabajo en pro de un futuro más justo.
Wert no engaña, se muestra como es y muestra lo que son y lo que quieren. Con otro, nos lo creeremos, algo buscarán para que callemos o invadirán Gibraltar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario