Dicen que nada es verdad ni es mentira, que todo es del color del cristal con que se mira.
La siguiente pregunta que habríamos de hacernos es quién pinta el color del cristal.
Personalmente, respeto cualquier forma de pensamiento, sea cual fuera, nunca invasiva y que no intente imponerse por la vía "de siempre".
En esta, nuestra España, estamos ya incluso insensibilizados a este tipo de imposiciones acompañadas de las formas de pensamiento, no ya irracionales sino patéticamente propias de mentes obtusas y enfermas.
No puede un ministro de un Gobierno de España mentar a Santa Teresa de Ávila y verla como artífice de una recuperación económica; no puede, no es de recibo, no es sano en cuanto a democrático.
Este hombre no puede dirigir un Ministerio tan importante, cuando no ha llevado a acabo una cura intensa de raciocinio; es harto peligroso.
La Iglesia Católica, siglo tras siglo, ha ido colocando a sus pequeños dioses y diosas según el Vulgo los necesitara; no es otra cosa que la continuación de las antiguas formas griegas o romanas sobre las que se asienta un Poder de raíz oscura, extremadamente jerarquizada y patriarcal.
Así pues, puso a Santa Teresa como algo semblante a lo que fuera Afrodita o la Venus romana.
Diosas ambas de la Belleza, el Amor y la Lujuria; esto último, pecado aún más grave, para los católicos, que dejar un campo de batalla pleno de vísceras y sangre de infieles.
Veíale en las manos un dardo de oro largo....
y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego...
este me parecía meter por el corazón algunas veces
y que me llegaga a las entrañas,
al sacarle, me parecía las llevaba consigo,
y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios...
Sin duda alguna, Santa Teresa de Ávila era un gran poetisa; pero tampoco tengo duda de que, de presentarse con seudónimo, ganaría, con toda seguridad, un premio de narrativa erótica; entre "la sonrisa vertical" y "dardo de oro largo" se podrían hacer muchas conjeturas en cuanto al final de la "aventura".
("La sonrisa vertical" es un reconocido premio de novela erótica)
La metáfora es tan clara y sugerente que casi dejar de serlo para convertirse el una hermosa forma de narrativa.
Un dardo de oro largo que al fin del hierro parecía tener un poco de fuego y se le introducía por lo que ella llama "corazón" "algunas veces" y al "sacarlo" llevaba sus entrañas consigo y la dejaba abrasada de Dios; no puede ser otra cosa que la recreación poética de un coito de los buenos.
Tan grande el dolor que me hacia dar aquellos quejidos
y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite
ni se contenta alma con menos que Dios.
El respeto a todos aquellos que han sido adoctrinados con las bondades de esta mujer, que sin duda, tendría sus virtudes y excelencias, no me permite expresar con claridad vulgar lo que verdaderamente pienso de este último verso; pero, si invitaría a todo aquel que crea que la verdad se alcanza en un ejercicio de cuestionamiento, a que descontextualiza el texto y se informara sobre lo que son las relaciones sado masoquistas.
Personajes como el Sr. Ministro son los que esta España a la sombra, por culpa de sombras como la suya, ha sufrido durante milenios; parecían desaparecidos, pero ahí están, con sus discursos, citando a mujeres que, en definitiva, se masturbaban católicamente.
Y eso es sano, muy sano; lo que no lo es, es reprimir, castigar y crear sentimiento de culpa a quien lo hace.
Muchos de los que pertenecen al club del que el ministro es Supernumerario, se azotan y se sienten sucios por pensar en algo tan hermoso como la Lujúria; sus mujeres, mientras tanto, sueñan con los "dardos de oro largo con fuego en la punta".
Dice el Ministro estar convencido de que la Santa intercede para que España salga de esta Crisis; no sé si deliberadamente, pero creo se olvida de todos aquellos trabajadores que por miseria ofrecen sus horas de vida por sueldos de miseria; se olvida también de el robo de Derechos Sociales al que él hace frente con su Guardia Pretoriana de "dulces porras" en las que seguro se inspiraría santa Teresa; pero no para ejercer la violencia sino el gozo.
Si creo en algún santo es en San Isidro, ese que dormía mientras los ángeles le hacían su trabajo. Si creo en alguna santa es en Teresa. ¡Qué coño, alguien tiene que decirlo!: se masturbaba con poéticas fantasías, eso es de alabar.
No estaría de más que la Santa se le apareciera al Ministro despojada de sus hábitos y que San Pascual Bailón se llevara de copas a Rajoy; entonces si, empezaríamos a salir de la crisis.

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