Podría pasar por un gesto de caballerosidad; pero dados los tiempos que corren, la imagen, personalmente, me produce grima.
El poderoso banquero besando la mano de la socialista presidenta de una comunidad ahogada por señoritos.
Botín, el gran Botín, de chiste fácil, con cara de pocos amigos y selectos. Botín, que pareciera que hubiese hecho un pacto con el diablo para mantenerse siempre viejo; viejo carcamal y avaro.
Botín quien no deja de sorprendernos, puesto que pareciera que cede ante la mano de la Presidenta, la cual le demanda ayuda que él bien se cobrará; pero no, Botín no besa la mano de la guapa señora; besa la suya propia, Botín se auto besa en gesto de sublime prepotencia que no es más que una ridícula ordinariez.
Veré si con un Almax se me pasa todo esto.


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