viernes, 28 de febrero de 2014


Pasó a relatar otras actuaciones del pasado en las que, a su entender, el PSOE tampoco consultó con nadie, como los cambios de nombres de calles o el homenaje a alcaldes republicanos.
Sobre lo dicho por Simón Gornés. Pleno debate monumento al Atlante. Extracto recogido Menorca.info

...e imputó la actitud de los socialistas al hecho que «les escuece demasiado el genocidio que se produjo en el ‘Atlante’».
Sobre lo dicho por Salvador Botella.  Pleno debate monumento al Atlante. Extracto recogido Menorca.info


EL GENOCIDIO DE BOTELLA

















Hay que decirlo: personajes como el Sr. Botella  -en nuestro actual contexto democrático- son, ante todo, folclóricos, auténticamente vintage. Algo parecido al tapete de ganchillo de la abuela colocado encima de aquellos televisores en los que, hace un tiempo, se podían colocar tapetes, figuritas de toreros y bailarinas andaluzas brazos en alto. 

Botella es la charanga y  pandereta de la España que de forma genial dibujó machado en sus versos; de espíritu burlón y parquímetro inquieto.  

Católico a ultranza, nos planta figuritas por Navidad y apaga luces en Viernes Santo. Como antaño, como en aquellos tiempos en que la ciudad quedaba en silencio velando a un Dios muerto hasta el domingo en que todo volvería a ser igual.

Podríamos también afirmar que filo franquista cuando vemos el retrato de un golpista uniformado presidiendo su despacho; pero no deja de ser una boutade aceptada de la misma manera que se acepta lo estrambótico del personaje.

Poca explicación tiene que un candidato colocado tan abajo en las listas electorales pueda desempeñar tareas como las que desempeña a tan alto nivel municipal. A nadie se le escapa que tal caso en una concesión a la Derecha mahonesa más rancia y anclada el un pasado nostálgico que da sus últimos estertores. 

Aunque, esta vez, el personaje se ha destapado y dejado al descubierto su total ignorancia y su visión forjada a través del adoctrinamiento dogmático, propio y recomendado para mentalidades serviles y con absoluta carencia de análisis; sin contar con su pereza para imponer, tan siquiera, el más mínimo esfuerzo contradictorio.

Habla Botella y en su forma, falta de educación y sobrante de prepotencia (ambas cosas impropias de un buen cristiano), espeta al Sr. Tur, sobre el asusto Atlante, que " a la Izquierda le escuece ese genocidio".

En este caso no se trata de colocar cadáveres sobre la mesa y contar para ver quién es el más malo de esta historia.

Nadie discute desde esa Izquierda, pretendidamente escocida, que menta el concejal, que la matanza del Atlante fue un acto violento, injustificable y vergonzoso para nuestra sociedad. Sociedad ésta que aún recuerda con temor y tristeza lo ocurrido. Temor y tristeza en todas las familias, estuvieran en un bando o en el otro.

Pero, existe una coyuntura previa muy importante que lo aleja del mentado genocidio.
Para entender tal cosa, hemos de hacer una composición de lugar y centrar nuestro pensamiento en la Maó de aquel noviembre del 36.

Acercarnos a cualquier mirador del puerto, allí donde disfrutaremos de las hermosas vistas de "sa altra banda" y la Base Naval. Imaginar una ciudad silenciosa, sin el ruido de motores de automóviles; una ciudad en guerra, aislada, con el temor del avance de las tropas franquistas y las noticias de la violenta represión. 

Y, de repente, un trimotor aparece en el cielo sin que exista defensa alguna; siembra de bombas la base naval, de miedo la ciudad donde sus habitantes corren a esconderse en improvisados refugios, de muertos entre la marinería que exaltada recurre a la venganza.

El enemigo no se ve, huye cobarde en su avión bendecido por la Iglesia y regresa a su base. Ni tan siquiera es español. 
La violencia engendra violencia y eso es lo que ocurrió. 
No se justifica y la Historia de nuestra ciudad debe asumirlo; pero no es ni será nunca un "genocidio"; puesto que no es una acción premeditada sino una reacción al miedo y la rabia.

El genocidio es siempre algo calculado, organizado y planeado para la eliminación física de personas que no son afines en raza, religión o pensamiento a un determinado grupo contrario. 

"Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas"


Unos textos de este tipo, escritos por el General Mola, dan cuenta de la planificación de los militares golpistas de la clara intención de un genocidio, con el agravante de que se produce contra su propio pueblo. 

No le extrañe al Sr. Gornés la retirada de placas en calles dedicadas durante la Dictadura a individuos con semejante talante; y "si", por salud democrática, debería tomar cartas en el asunto del retrato del señor que tiene Botella presidiendo su despacho; eso ofenda a la decencia. 

No debería usar tampoco, el Sr. Gornés, los homenajes a alcaldes republicanos como "defensa" ante el monumento al Atlante. Esos alcaldes fueron "elegidos", de la misma manera que el actual consistorio. Quién sabe si en un futuro Botella será homenajeado. Si esto ocurre con un ayuntamiento democrático, la forma será absolutamente incontestable.

El poner a los alcaldes republicanos de ejemplo   -seguro que inconscientemente-  es volver a intentar confundir "republicano" con "rojo peligroso, marxista, hereje y masón"; eso es poco elegante viniendo de un político elegido en unas elecciones democráticas, en un Estado Constitucional y a la misma altura de aquellos alcaldes.

Soy partidario de la polémica y discusión de este tema; puesto que creo que "los fantasmas" se han de resucitar para que descansen en paz. 

Ustedes han negado tal cosa cuando se ha tratado de vaciar cunetas y descubrir a los "otros caídos"; y ahora pretenden levantar un monumento ilegal so pretexto -máxima paradoja- de recordar "a todas las víctimas".

Son ustedes ahora quienes resucitan fantasmas, niegan su otra afirmación y se delatan. 

Tal monumento llevará implícita una pregunta ¿Qué pasó? 
Y se puede responder de muchas maneras; el señor Botella ya lo ha hecho a la suya.

Es importante un debate a fondo; pero con personas con un talante distinto y un nivel cultural más elevado que el de un tapete de ganchillo. 











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