ADA COLAU, MARHUENDA, ROJO Y MI TELEVISOR
En ocasiones, a uno le dan ganas de abofetear a ciertas personas, personajes de discurso mediocre.
Pero no, no me malinterpreten, la bofetada que surge de mis entrañas no es violenta, no.
Es algo parecido a la que recibe mi aparato de televisión, cuando -y muy a menudo- se le va el color.
Todo se arregla con un pequeño toque en su parte superior, y así vamos tirando.
Tampoco es su discurso lo que me enerva; si lo es, en cambio, su más absoluta pobreza intelectual.
Ello saca de mí, mi parte más cristiana; para, con ese bofetón intentar salvar sus almas y que el color vuelva a sus vidas, tal como vuelve a mi televisor.
Ada Colau es una mujer con hermosas hechuras, con una enorme fuerza vital y cargada de razones. Su corazón es gordo, tiene sin duda un gordo corazón.
En contrapartida al de esos caballeretes que se califican de periodistas; ellos tienen la grasa en el ego; colesterol puro. Mala circulación de neuronas y un peligro elevado de sufrir de almorranas.
Son de una elevada peligrosidad social. No existe receta contra su contraproducencia, más que no escucharlos o practicar la técnica de la bofetada en su parte superior. Quizás consiguiéramos el milagro de que a Marhuenda le apareciera "alguna neurona de color rojo" y que Rojo se convirtiera en "rojo peligroso".
Menuda faena.

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