miércoles, 27 de agosto de 2014
Cuando os arrojáis el agua, cerráis los ojos...
Soy de aquella generación que nació en la cama de sus casa.
Por desgracia, conocí la Sanidad española allá por los años 80.
Años más tarde, alrededor de 25, y otra vez por desgracia, tuve la ocasión de observar como todo había cambiado y como, aun teniendo las infraestructuras obsoletas, el personal, la atención y todos y cada uno de los que formaban la cadena de trabajo eran verdaderos profesionales de los que tendríamos que estar orgullosos al nivel que lo estuvimos después del gol de Iniesta en el Mundial.
No a mucho me tocó a mí catar una cama de nuestro nuevo hospital.
Cuando salí, tenía miedo; miedo a que me cobraran. No podía creer que la atención que se me prestó fuera gratis; que no lo es, puesto que la pagan los españoles en su conjunto, pero, tal y como están las cosas...
La Sanidad la han construido y elevado todos aquellos profesionales que creen en ella; la han sostenido los españoles que creen en ella; y se la están cargando un minoritario grupo que pretende hacer más negocio del que ya hicieron; nadie duda de que en todos estos años el chanchullo sanitario, en cuanto a obra pública, gasto y comisiones, ha sido descomunal.
Si todos aquellos miserables que han pillado tajo de los presupuestos para su propio lucro no lo hubieran hecho, hoy tendríamos que inventarnos enfermedades para sostener el Sistema Sanitario.
La Sanidad gratuita se acaba, no le queda mucho.
Nos venderán el "cambio" despacio, como sin querer, con ese argot político tan mediocre; pero lo que es cierto es que nuestras nietas, a este paso, volverán a parir en la cama de sus casas.
No seré yo quien critique esta moda de la foto con el cubo de agua fría para la donación en la investigación de esta terrible enfermedad; de la cual, por medio de un buen amigo, conozco sus horrorosos síntomas.
Pero no me echaré encima un cubo de agua fría ni pondré 10€ en cuenta alguna.
Sin embargo, exigiré una Sanidad Pública y no trataré como "pancartistas" a los que lo hacen.
Exigiré que el gasto en investigación se eleve y que nuestros científicos no tengan que emigrar para verguenza de este país de tontos del culo.
No acusaré a los "moritos" de colapsar las consultas ni diré que hay gente que no tiene más que hacer que ir al médico ni pensaré que por qué tengo que pagar yo la operación de otro, estando sano. Todas estas cosas no son más que estrategias para robarnos lo que nuestras generaciones pasadas construyeron, lucrarse con ello y dejarnos con cara de tontos.
Sé que todos aquellos que se han apuntado a echarse el jarro de agua fría, lo hacen de todo corazón y con la mejor de las voluntades; pero, su gesto sería más efectivo si todos cohesionáramos y demandáramos que la última compra del Ministerio de Defensa fuera a parar a la investigación en España de la enfermedad referida.
El cubo de agua fría nos lo están tirando ya ésta pandilla de sinvergüenzas que están permitiendo que las generaciones más preparadas de toda la Historia de nuestro país, no puedan investigar porque no hay presupuesto; además de que no interesa.
Interesan enfermos que gasten su miserable sueldo para que el Sr. Rato o el marido de Cospedal y toda su tropa vivan por muchos años haciendo negocio de la forma más miserable.
No creo en aquello de invitar a un pobre a tu mesa por Navidad, ni en donar comida a un banco de alimentos. Todas estas formas me parecen denigrantes para una Sociedad que se las da de Moderna.
Creo que, mientras existan inmensas fortunas en tan pocas manos, e interesados en crearlas sin la necesaria compañía del Trabajo, no deberían existir pobres en mesas de ricos para lavar conciencias, ni bancos de alimentos para justificar que el Sr. Botín desayune un picatoste de mermelada de aguacate traído ex profeso de Paraguay.
Dios no lo quiera, pero si a alguno de aquellos que se lanza el cubo de agua helada se le cruza en su camino un hepatitis, que sepa que nadie le pagará el tratamiento; es muy caro, dice la Ministra.
A buen seguro que sacará el dinero de donde sea. Y ocurrirá como siempre, el Banco ganará sobre su desgracia; las farmacéuticas se llevarán su pedazo de pastel y la Ministra dormirá esa noche tan ricamente después de repasar su cuenta bancaria y rezar sus oraciones.
Cuando os arrojáis el agua, cerráis los ojos...
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