lunes, 20 de octubre de 2014

CARAS SONRIENTES...

... EN LUGAR DE AVERGONZADAS



























Cuando menos, resulta inaudito que en pleno siglo XXI, en la España que, según pregona Rajoy, es un ejemplo de Estado del Bienestar, existan Bancos de Alimentos o se tengan que habilitar comedores sociales para niños en todo el país.

Cada cual tendrá su lectura del porqué se ha llegado a esto ; pero, de lo que no hay duda es de que -a pesar que la calle no lo refleje- la situación en muchas familias es de extrema emergencia.

Nadie duda de la buena voluntad de las personas que donan alimentos o participan en actos benéficos para recaudar fondos; cada cual aporta a su manera.

Personalmente, mi aportación es filosófica y crítica.
No entiendo esta noticia ni esta foto. No entiendo que se dé publicidad a una recaudación. No entiendo que una entidad bancaria se publicite, cuando a mi entender y al de la mayoría, son culpables por extrema y repugnante avaricia.

No entiendo que la señora Alcaldesa recurra al engañoso truco de la caridad cristiana. 
Jesús repartió el pan entre sus discípulos; no hubo un trozo más grande para uno ni más pequeño para otro. 
Políticas paliativas de esta situación existen, son absolutamente urgentes. Políticas que se pueden desarrollar a nivel municipal y que distan mucho de aquello de invitar a un pobre a tu mesa. 

Hay personas que están necesitadas de alimentos; pero más de dignidad. 
Hay partidas de dinero que se gastan en tonterías y para el soberbio gusto de algún concejal.

La solidaridad no es caridad, ni la caridad hará ganar el cielo a nadie. Caridad es repartir mi bocadillo con mi compañero; sólo tengo un bocadillo y mucha hambre, pero le doy la mitad. Ustedes -los de la foto- tienen enormes bocadillos y dan migajas. 
Y no me hable de demagogia. Lo que digo es una verdad como un templo, uno de esos lugares donde habita un Dios que repartió ¿se entiende? repartió.

Esta foto, sus caras sonrientes, sus poses de buenos cristianos que lavan sus conciencias entregando limosna al pobre que por necesidad ha de existir para que puedan existir ricos, es, francamente patética y ofensiva.

¿Volveremos a las huchas del Domund?

Mi preferida siempre fue la del chino. 

¿Quién nos iba a decir que acabarían abriendo tiendas de chinos?


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