sábado, 20 de septiembre de 2014

MAÓ ES UNA ENORME E INFINITA TERRAZA PARA QUE SUEÑE EL PEATÓN


















Hace calor. Un calor húmedo e hiriente; un calor que huele a despedida y me pone de muy mala leche.
Añoro mis paseos de domingo frío y por la noche.
No, no me considero anti social; todo lo contrario. Pero tengo que reivindicar mi posición de caminante, frente a una invasión cuasi cirquense que me arrolla y me sorprende sudado, húmedo, sin aliento...
Cuando conseguimos hacer desaparecer a ese símbolo de nuevo rico -que es el coche- del centro de nuestra ciudad; pudimos descubrir algo más de su amplitud, de sus portales o balcones cerrados por miedo al invasor.

Pero no bastaba. Nuestras calles poseen hermosas fachadas, nunca apreciadas por diluirse en un sinfín de rótulos comerciales, exageradamente llamativos. 

Ahora, sin coches, las terrazas se han reproducido y han apartado al viejo banco donde se abrazaban los amantes o charlaban nostálgicos aquellos que vienen de otras tierras. 

Maó es una enorme terraza, una infinita sucesión de mesas y sillas en donde turistas hastiados toman relajante café con leche.

La pobre Pilar Alonso ha sido puesta en un lado de una plaza, otrora testigo de charlas que pretendían cambiar el mundo.

Pero no basta, todavía más.
El Director del Museo Militar ha sacado a sus hombres con sus trajes para desfilar. El Ejército ya no desfila por las calles, está mal visto; pero, para eso tenemos el oficial a caballo en parodia dieciochesca al que los turistas miran sin saber si eso es parte de nuestras tradicionales fiestas o una recreación del pasado inglés.

Los hombres del Capitán Girona, en formación de homenaje ante la escultura del rey Alfonso, son para echarse de cabezazos contra la puerta de san Antonio en la iglesia de santa María. 

Pero no basta, nos colocan un mercado medieval en donde antes teníamos la libertad de caminar.





Sí, lo entiendo: "da ambiente". Como las lucecitas de Navidad.

Pero hay algo importante que analizar. 
Nos colocan en los morros el "¡consume!" cuando no hay para eso.
El mecanismo psicológico y manipulador es claro. Consume y serás feliz. 
En una Maó sin empleo, eso es -parafraseando a Alejandre- "tocar los huevos".

Si no tienes euros para consumir, trabaja. Si no encuentras trabajo, busca. Tu felicidad depende de que te coloquen terrazas, tiendas, chiringuitos medievales...

Y si no tienes dinero, la culpa es tuya. Ellos te ponen el circo para que lo veas, para acercarte al sumum.

¡Qué importa la factura de la luz!

Prefiero los domingos por la noche, fríos y lluviosos. 
En esos días, caminar es gratis.








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